Pescando salmones en Alaska

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FICHA TÉCNICA

Título: Pescando salmones en Alaska

Autor: Caridad Bernal

Editorial: Harlequin (HarperCollins Ibérica)

Nº de páginas: 136

Mi puntuación: 📕📗📘‘5 / 5

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Capítulo 1

–Es difícil saber por dónde empezar la que supongo tendría que definir como la gran aventura de mi vida… – Elisa se detuvo al leer sus propias palabras en voz alta, estaba aterrorizada. Decidió coger aire antes de que la voz le temblara por culpa de los nervios, así que respiró profundamente mientras miraba a todos aquellos jóvenes expectantes. Aquello era todo un ejercicio de autocontrol, ya que su primer impulso al subirse a esa tarima fue el de salir corriendo.

En medio de un auditorio tan grande como este, se sentía más pequeña aún de lo que ya era. El momento era real, estaba sucediéndole, y sin embargo le seguía pareciendo increíble que donde hacía años habían estado sus propios profesores dándole clase estuviese ella ahora.

Buscó entre el público, y por fin halló, a la persona que deseaba ver. Solo entonces tuvo el valor suficiente para continuar su discurso, viéndolo sonreír se sentía más segura– así que empezaré por el principio. Me llamo Elisabeth Moreno, pero todos me llaman Elisa. Trabajo para una ONG internacional en el estudio para la protección de los océanos. A que os suena bonito, ¿verdad? Sobre todo cuando trabajas en lo que te gusta y ves que tu trabajo sirve para algo. Pero llegar hasta aquí, como podréis suponer, no ha sido nada fácil. Aunque tampoco creo haber hecho nada espectacular, no me considero ninguna heroína ni nada parecido. Supongo que mi historia es de esas de las que cuentan que con ganas de trabajar duro y mucha fuerza de voluntad se consigue cualquier sueño… y eso es, al fin y al cabo, lo que quieren que os explique. Así que no os deprimáis si os ronda alguna locura por la cabeza que queráis hacer al terminar vuestra carrera, yo soy el vivo ejemplo de que nada es imposible: ¡si yo lo he conseguido, vosotros también podéis!– Elisa cambió de tarjeta para continuar con su discurso.

Mientras hablaba, los recuerdos se agolpaban en su mente. Cada frase tenía mucho sentido para ella, y esperaba de veras llevar un poco la ilusión a esos chicos que ahora veían su futuro tan oscuro–. Yo estudié, como estáis haciendo ahora mismo vosotros, en esta magnífica universidad Elisa guiñó el ojo al grupo de profesores asistentes que estaban sentados en la primera fila. Ellos le sonrieron y la piropearon como respuesta, dejando muy claro la buena relación que había entre ellos– hasta que me licencié con la especialidad de Biología Marina, se puede decir que mi vida estaba siendo bastante normal, más o menos como la vuestra ahora. ¡Sin un duro en el bolsillo pero con unas ganas inmensas de comerme el mundo!

Corría el año 2008, a esas alturas no tardaríamos en estar todos hartos de oír la palabra crisis, pero en mi interior ya se cocía una idea extraña para encontrar un trabajo ese mismo verano. Uno que significaría el primer paso de esta historia… La primera vez que me interesé en la pesca de altura, más que por oír algo sobre el tema, fue por culpa de una foto ¡Sí, habéis oído bien! A mis manos había llegado un prospecto de la pesca comercial del salmón en Alaska, y en ella se hacía referencia a sus posibilidades laborales. Al final del texto había una foto de una chica joven con una sonrisa espectacular, tumbada sobre las cuerdas de un barco. Entonces pensé: ¿y si fuese yo la de aquella foto? Os puedo decir sinceramente que no me informé demasiado, tan solo tenía ganas de salir del cascarón a lo grande, y ni siquiera tenía una experiencia sólida en la pesca de alta mar. Vamos, como podéis imaginar por lo que os estoy contando, ¡todo un modelo a seguir! Se oyeron algunas risas de fondo, haciendo que Elisa levantara la vista de sus papeles. No pretendía ser graciosa, simplemente hablaba como lo sentía en aquel momento. Ahora tenía otra perspectiva de toda su hazaña, y al contarla, veía lo disparatada que era. ¡Menos mal que en su momento tuvo el valor suficiente para hacerlo!–. Por supuesto, mi familia se opuso rotundamente al principio ¡Nadie en su sano juicio cogía la mochila y se iba a Alaska a trabajar ni más ni menos que pescando! “Si lo único que quieres es aprender a pescar, ¿por qué no lo haces aquí?”, me decía mi padre. Y en parte os confieso que tenían mucha razón, los primeros meses de novata me los podría haber ahorrado trabajando aquí pero supongo que, cuando eres joven, asumes ciertos riesgos que son los que después marcan tu vida. Muchos de mis compañeros habían decidido seguir estudiando aquí su doctorado, otros comenzaron a trabajar en prácticas para algunas empresas, y yo, sin embargo, solo tenía un objetivo: ser esa mujer de la foto. Conseguir esa sonrisa… ¡Y si me tenía que ir a Alaska para obtenerla, me iría! Así de cabezota era, supongo que más o menos como ahora. Bien, en este punto os haré un breve inciso desde mi humilde experiencia. Para trabajar en el extranjero, mucho más importante que el dinero, es el nivel de inglés. Si tienes que hacer una entrevista, preguntar una dirección o enterarte de lo acaba de decir la megafonía del aeropuerto, seguramente tu dominio del inglés será más valioso que llevar mil euros en el bolsillo. Así que poneos seriamente a estudiar inglés, no penséis que allí fuera van a ser muy pacientes en enseñaros el idioma. Y si no te puedes hacer entender, no serás muy útil para nadie, ni siquiera para ti mismo. En mi caso, creí tener suerte con este tema, ya que mi madre es filóloga inglesa y desde pequeña me había estado hablando con un perfecto acento inglés. Yo estaba muy orgullosa de ser como un disco viviente de la BBC, pero al salir de aquí me di cuenta de que para lo único que me servía aquello era para que me situaran, no sé por qué, en algún punto entre Exeter y Bath. Irlandeses, noruegos, rusos, tailandeses, chinos… nadie habla el inglés que se estudia en los libros, así que preparaos para sentiros muy solos al principio. Otra cosa muy importante para conseguir un empleo fuera, y no tiene nada que ver con el currículum, son tus cualidades. Ser sociable, por ejemplo, es una gran baza si vas a trabajar en equipo. Y eso, aunque creáis que no, también se puede ver en una entrevista de trabajo: ¿practicas deporte? ¿Cuáles son tus aficiones? Todo influye y se mira con lupa. Todo lo que aprendes en esta vida te puede servir en algún momento. En mi caso, al principio, saber coser una red fue la clave para que me contratasen en un barco. Pensad que una de las preocupaciones principales de un capitán de barco es que sus trabajadores sean lo más independientes posibles. Sé sincero si nunca has realizado un trabajo parecido, prefieren gente honesta en la que puedan confiar que a aquellos que cuentan el mismo rollo del aprender rápido, etc. Si tienes otras habilidades como cocinar o la electrónica, también pueden beneficiarte una vez en el barco. Especialmente buscan a gente que no dé demasiados problemas, se pueda confiar en ellos y sean suficientemente independientes en pocos días. Pero sobre todo tened en cuenta una cosa, y esto se puede extrapolar a cualquier sitio, el éxito para obtener un empleo es que te guste el trabajo ¡Eso es primordial! Ya sabéis lo que dicen: el secreto de la felicidad no es hacer lo que se quiere, sino querer lo que se hace. Porque al final ese amor que le pongas a las cosas se notará y te diferenciará… Pero volvamos a esa chica ilusionada que salió de su casa por culpa de una foto. Cuando eres extranjera, y en mi caso encima implica ser mujer, sin experiencia ninguna e ilegal prácticamente, las opciones laborales allí fuera son nulas ¡Os lo puedo asegurar!

El auditorio volvió a llenarse con algunas risas, la verdad es que habían acertado con la primera conferenciante de este año. Elisa no estaba haciendo solo una charla muy interesante para los jóvenes que estaban hoy aquí reunidos, sino también divertida. Mientras, una periodista local hacía fotos al aforo trasladándose lo más silenciosamente posible de un lugar a otro. Comprobó con una sonrisa en los labios cómo seguían entrando chicos en la sala a pesar de no haber ya sitios libres ¡Y es que no todos los días se podía escuchar a una aventurera como Elisa!

Por lo que la joven estaba contando, modestia aparte de la narradora, pocas mujeres estarían dispuestas a pasarlo de motu proprio. De modo que ya solo por saciar su curiosidad, merecía la pena haber venido. –… las posibilidades que yo tenía en Alaska de subirme a un barco se reducían a que el capitán solo quisiese ligar conmigo o que quizás no hubiese conseguido completar su tripulación a tiempo por insconciente, teniendo que recurrir a los restos que estábamos esperando en el puerto de Anchorage. Y es que, ¡míradme! No mido más de metro sesenta, y el diámetro de mis bíceps no es el de Popeye precisamente… Hasta la periodista tuvo que reírse, Elisa estaba metiéndose al público entero en el bolsillo–. ¡Ningún hombre en su sano juicio me contrataría para trabajar en un barco! Pero no me importaba trabajar duro, muy duro, durísimo. Y fue así como la gente terminó conociéndome. Porque creedme, en la mar todos se terminan conociendo muy bien. Por suerte o por desgracia, es mucho el tiempo de convivencia, así que aunque lo tuve muy difícil para enrolarme la primera vez, para la segunda no me faltaron ofertas. Elisa paró un momento para beber agua.

Tenía una extraña sensación al hablar de su pasado, como si hubiese sido otra chica la que se hubiese ido de casa con tanta osadía. Solo ahora que iba a ser madre ella también, entendía lo duro que había sido para la suya dejarla marchar. Alejarse de aquella manera de su familía no habría sido plato de buen gusto, y sin embargo, llegado el momento sus padres no pusieron serios impedimentos. Quizás porque la conocían demasiado–. Pero os diré una cosa, sobre todo si lo que queréis es vivir del mar como yo. Incluso años después de aquel inicio que más me valdría olvidar, cuando una ya entra como bióloga en un barco y no como un grumete de pacotilla, tampoco te tienes que sorprender si un día te toca hacer de cocinero, al siguiente te toca ayudar en la descarga o limpiar la cubierta. Eso sucede a diario. Lo más normal es que estés sin ducharte durante días: ¡tú y todos los que navegan contigo! A veces por cuestiones meteorológicas tienes que permanecer trabajando más de cuarenta y ocho horas seguidas, oliendo a pescado y soportando temperaturas extremas. No te extrañe si comes pasta o arroz durante semanas, o que las manos se te agrieten y te sangren sin poder curarse durante meses ¡Eso es vivir del mar! Ya sé que suena horrible, pero después obtienes tu recompensa. Aunque, no os equivoquéis, no hablo de dinero. Al menos en los barcos a los que yo me subo nadie es millonario. Hablo de superarte en alta mar, de ser consciente de que estás a merced de los elementos, ya seas hombre o mujer, ¡eso en plena tormenta da exactamente igual! Hablo también de luchar por proteger nuestro fondo marino, pues como todo lo que tenemos a nuestro alrededor, lo estamos destruyendo. Hablo, y esto lo sabréis mejor que yo, de conseguir por ley que no se utilicen un tipo de redes para lograr la supervivencia de ciertas especies. Hablo de que se oiga tu voz en un auditorio para que alguno de los estudiantes que te escucha siga tus pasos con el mismo entusiasmo. Chicos, os lo digo en serio, puede que no escogiese el mejor camino para conseguir mi primera experiencia en la mar, pero cuando miro atrás y recuerdo todo lo que he vivido y aprendido, ¡os prometo que volvería a hacer la maleta! Hubo un aplauso espontáneo por parte de algunos oyentes al terminar aquella inspirada frase, no permitiendo hablar más a Elisa durante unos breves segundos. Mientras tanto, Laura Martínez, nuestra fotógrafa y periodista, apoyaba la espalda en una pared al fondo de la sala para obtener así mejor perspectiva.

Buscaba al culpable de aquellas miradas de complicidad que de vez en cuando había lanzado Elisa durante el transcurso de su emocionado discurso. Un detalle muy sutil del que apenas nadie más se había percatado. En realidad solo Laura se había dado cuenta, ya que estando a solo unos metros de ella para fotografiarla, había podido estudiar su expresión corporal. Era como si estuviera focalizando sus frases en una sola persona para superar el trauma de hablar en público, algo que, por supuesto, le estaba dando resultado. Sin embargo, entre tanta gente, era muy difícil dar con el objeto de tanta atención… Laura seguía buscando mientras pensaba en las palabras de Elisa. Ni siquiera hacía falta estar estudiando biología para querer escuchar su bonita experiencia, cualquier periodista estaría dispuesto a saber más sobre las aventuras de aquella joven intrépida. Ese aspecto más bien aniñado, su sonrisa permanente y aquellos grandes ojos negros que parecían ávidos por ver mundo, le daban a todo el conjunto un brillo especial. Solo oyéndola hablar tan apasionadamente cautivaba, y eso era lo que se palpaba hoy allí. Resumiendo en una palabra, era optimismo en estado puro, digna portada de una revista ¿Y por qué no de la suya? Se estaba preguntando Laura.

Elisa era de esas personas que, a pesar de su pequeña estatura, no parecían achatarse ante las situaciones difíciles. Como por ejemplo, estar aquí ahora mismo. –¡Ahí estás! –celebró por fin la fotógrafa. Finalmente había encontrado al afortunado al que tanto miraba Elisa y, como imaginaba, era un hombre. Estaba casi al final de la sala, pero no había dudas de que era él, conocía bien ese magnetismo invisible que parece haber entre una pareja. Ella sonreía cuando él lo hacía, como si Elisa le estuviera contando otra historia entre líneas, una que solo ellos dos conocían. Se acercó más a él muy disimuladamente, quería un buen plano de aquel tipo, aunque fuera de perfil. Según su intuición femenina, por la manera en la que él la miraba, podría asegurar que era su pareja. Puso el zoom al máximo de la cámara para descubrir una alianza en sus dedos. Aquello era perfecto, con historia de amor incluida ¡Menudo artículo!

Como en tantas otras ocasiones, la mente de Laura ya viajaba antes de saber la verdad sobre ellos dos. ¿No querían los de la redacción historias reales? ¿No les pedían que hablasen con los protagonistas de cada día? ¡Pues aquí los tenía!, pensaba febril la joven periodista mientras seguía enfocando con su objetivo al supuesto amor de Elisa.

Si te ha gustado, puedes leer AQUÍ mi reseña.

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8 comentarios en “Pescando salmones en Alaska

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